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Muchas han sido las meteduras de pata ortográficas vistas en cualquier orden de la vida pero la que se vio ayer en Rincón de la Victoria (Málaga) sobrepasa ciertos límites. El Ayuntamiento de esta localidad malagueña, para conmemorar el Día del Medio Ambiente, desplegó una pancarta en pleno paseo marítimo que rezaba lo siguiente: "AYUNTAMIENTO RINCÓN DE LA VICTORIA. ÁREA DE MEDIO AMBIENTE Y PLALLAS". El titular de la concejalía responsable de tal campaña, como no podía ser de otra manera, culpó a la imprenta del error tipográfico.

Noticia en la prensa malagueña.

La Opinión de Málaga: "Aquí no hay plalla"
SUR: Las "plallas" de Rincón se hacen famosas
Elplural.com: "Conozca las `plallas`de Rincón de la Victoria".




La cuestión es que no es el único error que podemos encontrar en la vía pública tras los que se esconden ayuntamientos y empresas afines. Muestra de ello véanse las siguientes fotografías. La primera se encuentra en el parque de Cristina (Sevilla). Se trata de un mojón a ras de suelo que nos sitúa en el paseo de un reconocido poeta sevillano, LUÍS CERNUDA. Hasta la fecha, el nombre "Luis" es diptongo-monosílabo, por lo que no se debe acudir a la tilde.


La segunda muestra hace referencia a la campaña de recogida de aceites que el Ayuntamiento de Sevilla, a través del servicio de limpieza municipal (Lipasam), llevó a cabo para concienciar a la ciudadanía sobre el reciclaje de aceites domésticos. Lo que sucede en esta ocasión es que la imprenta vuelve a hacer de las suyas colocando una tilde en DIRÉCTAMENTE. Se ve que se ha entendido el adverbio como esdrújula sin tener en cuenta que la regla indica que: "Estas palabras conservan la tilde, si la había, del adjetivo del que derivan: fácilmente (de fácil), rápidamente (de rápido); pero cordialmente (de cordial), bruscamente (de brusco)".

Fotografía
A pesar de todo ello, es necesario reflexionar sobre la dificultad que entraña el castellano. Nadie debe caer en la autosuficiencia de saberse sin faltas de ortografía, o cuando menos, dudas que hayan hecho tambalear la regla de la "b" o la "v", por poner un ejemplo. Por lo tanto, lo grave no está en tener dudas, ni muchísimo menos en cometerlas, sino en la falta de celo en la revisión de un texto que va a ser difundido ante los ojos de miles de ciudadanos, en la falta de profesionalidad escalonada desde el edil que encarga la campaña hasta el operario responsable de difundirla. Son muchos los ojos que "supervisan" un trabajo que posteriormente llega a la calle impunemente. 
"¿En qué manos nos encontramos?" No lo sé, pero ya nos podemos ir haciendo una idea.

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